martes, 26 de junio de 2012

Gerardo De Brasi y Federico Pracías

Gerardo De Brasi
en Tres atardeceres y una noche


Carolina Graff y la poesía de Dylan Thomas



En mi oficio o mi arte sombrío...

En mi oficio o mi arte sombrío
ejercido en la noche silenciosa
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus tristezas en los brazos,
junto a la luz que canta yo trabajo
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo
que se aparta de la luna colérica
escribo yo estas páginas de efímeras espumas,
ni para los muertos encumbrados
entre sus salmos y ruiseñores,
sino para los amantes, para sus brazos
que rodean las penas de los siglos,
que no pagan con salarios ni elogios
y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.

(Versión de Elizabeth Azcona Cranwell)









Imágenes de una noche que atardeció tres veces...

Daniela De Lellis
Gerardo De Brasi
Federico Pracías
Karina Buttner








martes, 19 de junio de 2012

miércoles, 6 de junio de 2012

Espacio teatralizado...Carolina Graff

Poema de Choi Seung-Ho: "La verde libélula en el desierto".Aunque nunca he estado en un desierto, escribo en un papel blanco la verde libélula del desierto. Que el peregrino en el desierto de día pasa sed que en las noches de un desierto hace frío, que la persona que camina sola en el desierto sin camello siquiera siente soledad cada vez que sopla el viento arenoso, que es tonto el que busca puertas en el desierto, que el que busca puertas es precisamente la puerta, es lo que escribo en un papel blanco, lo leo pero no lo borro. Autobiografía de hielo, Bajo la luna, 2010

martes, 5 de junio de 2012

Para viajar en La Nave Kadmon... Tercer encuentro...Mariel


...Lo escribo ahora, porque está fresco todavía, porque todavía vibro en el ritmo, en la palabra, en la comunidad…y si tengo que definir con una palabra la sensación que me dejó el encuentro de anoche, usaría esa…comunidad.
Una sensación de estar “en”, juntos, una sintonía vibrando de voces. Un “viaje” compartido, no como un grupo de anónimos integrantes de un tour, si no como un viaje en familia, con amigos, con entusiasmo por descubrir, explorar y transgredir nuevos parajes.

Con esta sensación quiero quedarme. Lo sentí venir, vinieron, y se quedaron en nosotros, colorearon el paisaje, nuestro paisaje…gracias a todos por estar.

Mariel.








..

viernes, 1 de junio de 2012

Para leer a Cecilia Maugeri

La cautiva

I






De repente aparece un caballo, venís galopando a toda velocidad, pasás de una vez al lado mío y se me vuela el vestido, el pelo, y me lleno de polvo porque seguro estamos en el desierto. Me quedo dando vueltas, centrifugada por el impulso y volvés a pasar para el otro lado y esta vez me levantás en el aire, y no tengo otra opción que abrazarte para no caer y romperme porque el caballo galopa a toda velocidad y es como estar prendida de un avión, casi vuela, turbulento, y parece imposible que alguna vez vaya a aterrizar.
El jinete y la doncella se pierden en el horizonte. No se sabe adónde van. No se sabe si era un pistolero o un indio ranquel. El paisaje es el mismo: una raya en el horizonte. El jinete es salvaje y la doncella es delicada. 
Esto pasa seguido en el desierto. Es una escena común y corriente, muchas veces contada. Lo que no se sabe, lo que nunca nadie contó es adónde va ese caballo, qué pasa cuando se detiene. Porque en algún momento tiene que parar, nadie vive galopando todo el tiempo, ¿no? Parece que el rapto es sólo eso, arrancar a una mujer de su tierra de cuajo, al instante, y llevarla lejos y rápido. Ésa es la historia. 



II



¿Ése es el final? Un final con movimiento, final que se pierde, se esfuma, deja una nube de polvo que impide ver dónde están, qué están haciendo, para qué se roba así, qué viene después. ¿Desaparecen? ¿Explotan por el aire? ¿Se los traga la tierra? ¿Se prenden fuego? ¿Se matan? ¿Se aman? ¿Se entienden? ¿Viven felices? ¿Vale la pena? ¿Viven? ¿Son plenos? ¿Viven y no piensan? ¿Viven y sienten? ¿Se hacen las preguntas que me hago yo? ¿Existen las preguntas en el desierto? ¿Se puede parar de preguntar en círculos? ¿Tendré que ir? ¿Tendré que arriesgarme a ese lugar, correr más rápido con los ojos y atravesar esa nube de polvo? Seguir corriendo con los ojos cerrados, sosteniendo el vértigo para pasar del otro lado, el lado del destino, la llegada, verlos llegar y desenvolverse, descubrirlos, saber qué pasa, tener las respuestas en la mira. Poder contarlo. Captar con los ojos esa acción reveladora. Saber el final. El mensaje. Corroborar mis sospechas. O refutarme. O mejor, sí, espero lo mejor: que me sorprendan, que la escena sea una visión que nunca hubiera imaginado. Que me ilumine desde un lugar que no piensa. Tener la percepción de algo que sabe fuera de la mente, que me sorprenda tanto que no pueda pensarlo, que pierda esa capacidad, que la reflexión no me sirva para nada, que pueda abandonarla feliz, que sea libre, que me invada el mundo, que arrancada de mi tierra sea más de la tierra que nunca, que siendo raptada me encuentre con el tiempo, que sea una fuga del paso denso, que me vuelva materia, vida, historia, que me clave en el mundo, que pueda ver con unos ojos humanos, que la vista salga de mi cuerpo, que la mirada pueda ver alrededor todo lo que hay más acá, lo que se afirma, sin preguntas, lo que es, lo que se muestra, lo evidente, lo que grita, lo que vive.





.................